literatura para reir, llorar o echarse un polvo

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Literatura para reír, llorar y de vez en cuando, echarse un polvo.
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viernes, 2 de octubre de 2015

Consejo de Celestina



Desconfía del que ama: tiene hambre,
no quiere más que devorar.
Busca la compañía de los hartos.
Esos son los que dan.

Rosario Castellanos.

sábado, 29 de agosto de 2015

VALIUM 10

A veces (y no trates
de restarle importancia
diciendo que no ocurre con frecuencia)
se te quiebra la vara con que mides
se te extravía la brújula
y ya no entiendes nada.

El día se convierte en una sucesión 
de hechos incoherentes, de funciones
que vas desempeñando por inercia y por hábito.

Y lo vives. Y dictas el oficio
a quienes corresponde. Y das la clase
lo mismo a los alumnos inscritos que al oyente.
Y en la noche redactas el texto que la imprenta
devorará mañana.
Y vigilas (oh, sólo por encima)
la marcha de la casa,
la perfecta coordinación de múltiples programas 
-porque el hijo mayor ya viste de etiqueta
para ir de chambelán a un baile de quince años
y el menor quiere ser futbolista y el de en medio
tiene un póster del Che junto a su tocadiscos-.

Y repasas las cuentas del gasto y reflexionas, 
junto a la cocinera, sobre el costo
de la vida y el ars magna combinatoria
del que surge el menú posible y cotidiano.

Y aún tienes voluntad para desmaquillarte
y ponerte la crema nutritiva y aún leer
algunas líneas antes de consumir la lámpara.

Y ya en la oscuridad, en el umbral del sueño,
echas de menos lo que se ha perdido:
el diamante de más precio, la carta
de marear, el libro 
con cien preguntas básicas (y sus correspondientes 
respuestas) para un diálogo elemental siquiera con la Esfinge.

Y tienes la penosa sensación
De que en el crucigrama se deslizó una errata
Que lo hace irresoluble.

Y deletreas el nombre del Caos. Y no puedes
dormir si no destapas
el frasco de pastillas y si no tragas una 
en la que se condensa,
químicamente pura, la ordenación del mundo.

De En la tierra de enmedio
Rosario Castellanos.

RETORNO












Has muerto tantas veces; nos hemos despedido
en cada muelle, 
en cada andén de los desgarramientos,
amor mío, y regresas
con otra faz de flor recién abierta
que no te reconozco hasta que palpo 
dentro de mí la antigua cicatriz
en la que deletreo arduamente tu nombre.

Rosario Castellanos
De Materia Memorable

LO COTIDIANO

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día:
este cabello triste que se cae cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos, que se atraviesan con jadeo y asfixia;
las paredes sin ojos, el hueco que resuena de alguna voz oculta sin sentido.
Para el amor no hay tregua, amor. La noche no se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas y lo vez zigzaguear, loco, y perderse,
no por ello la ley suelta sus garfios.
El encuentro es a oscuras.
En el beso se mezcla el sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.

Rosario Castellanos

amanecer

¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve
la cara a la pared?
¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?
¿Se echa uno a correr, como el que tiene 
las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?

¿Cuál es el rito de esta ceremonia?
¿Quién vela la agonía? ¿Quién estira la sábana?
¿Quién aparta el espejo sin empañar?

Porque a esta hora ya no hay madre y deudos.

Ya no hay sollozo. Nada, más que un silencio atroz.

Todos son una faz atenta, incrédula 
de hombre de la otra orilla.

Porque lo que sucede no es verdad.

De Lívida Luz
Rosario Castellanos

EL OTRO


Lucrezia Sommaria by Ridolfo Ghirlandaio

¿Por qué decir nombres de dioses, astros,
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo, y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.

De Al pie de la letra
Rosario Castellanos